Álvaro Bustos: De estrella del pop a asesino exorcista


La historia de Álvaro Rafael Bustos es una de esas narrativas que parecen sacadas de una novela de terror gótico, pero que, lamentablemente, son demasiado reales. Nacido en Córdoba en 1954, Bustos alcanzó la fama en su juventud como miembro de un grupo musical. Sin embargo, su vida tomó un giro oscuro y perturbador que culminó en un acto de violencia inimaginable.

Irrumpió en la escena musical española en 1972, a la temprana edad de 18 años, como parte del grupo «Trébol». Dicho grupo disfrutó de un éxito moderado, especialmente con su primer y prácticamente único hit, «Carmen». Sin embargo, cinco años después de su debut, el grupo se disolvió, dejando a Álvaro en busca de una carrera en solitario. Viajó incluso a Alemania en busca de oportunidades, pero el éxito le fue esquivo. A los 33 años, regresó a la casa familiar en Córdoba, marcando el inicio de su descenso a la oscuridad.

Después de su regreso, Bustos se convirtió en lo que muchos describirían como un «juguete roto». La muerte de su madre y su fracaso profesional lo afectaron profundamente. Fue durante este período que comenzó a obsesionarse con la magia negra y lo esotérico. Se sabe que leía la biblia satánica y libros muy específicos sobre exorcismos. Incluso transformó la parte superior de su casa en un oscuro refugio, pintado de negro y con los cristales tapados.

La relación entre Bustos y su progenitor siempre fue tensa. Álvaro comenzó a culparle de la muerte de su madre, viéndolo como una imagen diabólica. Estos delirios lo llevaron a creer que su padre era el mal personificado.

En un acto que dejó a la comunidad y al país en estado de shock, Bustos llevó a cabo un ritual de asesinato inspirado en sus lecturas. Fabricó una estaca con la barra de una cortina y la pulió hasta convertirla en un objeto punzante. Siguiendo los pasos de los rituales que había estudiado, dio la vuelta a los espejos, esparció sal y agua por la casa y la habitación y mató a su padre clavándole la estaca en el corazón. Además, le cortó los talones con un cuchillo de plata, un acto que, según sus creencias, evitaría que el diablo pudiera ponerse en pie si volvía al cuerpo.

Tras el asesinato, Bustos intentó quemar el cuerpo de su padre en la finca de un amigo. Sin embargo, cuando su amigo descubrió la mano del cadáver asomando por la ventanilla del coche, fue directamente a la Guardia Civil. Bustos, al darse cuenta de que no podría llevar a cabo la quema del cadáver, esperó 24 horas, tiempo prudencial que según sus libros había que esperar para comprobar si el demonio volvía al cuerpo. Al ver que no era así, decidió entregarse a las autoridades exactamente pasado ese tiempo.

Durante el juicio, Bustos afirmó que había hecho un favor a la humanidad al matar a su padre, a quien consideraba el mal personificado. Tanto la fiscalía como la defensa pidieron su absolución, alegando su estado mental como un factor clave. Finalmente, fue declarado inimputable y se le impuso una medida de seguridad en una institución psiquiátrica, donde le diagnosticaron psicosis paranoide crónica. 

Sorprendentemente, Álvaro logró salir y trabajó como vigilante de seguridad, incluso recibió un premio por atrapar a unos ladrones. Sin embargo, desapareció de la vista pública cuando se le reconoció en un periódico por esta hazaña y se comenzó de nuevo en la comunidad a hablar de su parricidio por el que se le conoció como El exorcista de Córdoba.


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