Joan Vila en una entrevista: «Soy una buena persona»


24 de enero 2012
Tura Soler para el periódico El Punt Avui

Joan Vila Dilmé está encarcelado desde octubre de 2010 por su implicación en la muerte de once ancianos del geriátrico La Caritat d'Olot. Nos conocemos de hace años y accede a que le visite en prisión. La entrevista con el hombre que los criminólogos consideran el asesino en serie más prolífico de este siglo en todo el Estado, se ha realizado a través de comunicaciones ordinarias con él en la prisión de Figueres.

Cuando sientes que en los medios hablan de ti como un asesino en serie, ¿qué te parece?
No siento que sea yo. Incluso cuando Carlos [se refiere a su abogado, Carles Monguilod] me dice que nos debemos
defender de once asesinatos, le digo: "¿Pero qué dices?"

¿Tú no tienes conciencia de haber cometido ningún delito?
A mí no me parecía que hiciera nada mal hecho. Quizás cualquiera que se hubiera encontrado en mi lugar, delante de gente en fase terminal, hubiera hecho lo mismo. Yo he ayudado a personas, pero ante la sociedad ¡esto no se ve bien! Para mí es correcto. Lo que ocurre es que quizás yo no era la persona idónea para hacerlo. Yo en el caso de encontrarme cómo estaba aquella gente quisiera que me hicieran lo mismo. Yo no podría soportar que me levantaran con una grúa, que me lavaran el glúteo y los genitales, ir con pañales... Recuerdo a una mujer que estaba tan mal que cuando pasaba delante de un espejo se saludaba a sí misma. Yo ya haré un testamento vital para que no me dejen vivir así. Piensa que los abuelos siempre hablaban tan bien de mí... Teníamos muy buen feeling. No entiendo ahora cómo es que los trabajadores y el director, que siempre hablaban tan bien de mí, ¡ahora hayan girado la tortilla!

Quizás lo que se puede entender menos es el uso de los ácidos...
Es que esto también se ha exagerado y le han puesto tres gramos de más. Es que ni siquiera era lejía, era un desincrustante de no sé qué marca. Yo deshacía la medicación con ese ácido y un poco de agua, lo ponía
en esos potitos y hacía un vasito. Pero no entiendo aún por qué esa última semana se desencadenaron tantos casos: el día del Pilar fue Sabina, que era un pedazo de pan bendito; el sábado, Montserrat, y el domingo, Paquita...

¿El recuerdo de los hechos te hace sufrir?
Estos quince meses he sufrido muchísimo. No lo entiendo, no entiendo cómo puede que esté aquí; aún ahora no entiendo que hiciera nada mal hecho, no tenía necesidad, yo tenía trabajo, tenía casa, sueldo, estaba bien con mis padres, tenía mi piso en Empuriabrava... Yo los quería mucho, a los abuelos. Y te aseguro que nunca los cogí ni un centavo. Yo podía ir a trabajar al psiquiátrico y habría ganado mucho más, pero me gustaba el geriátrico. De hecho, también ganaba más cuando hacía el turno de noche en una fábrica en Sant Jaume, pero me gustaba estar con los abuelos. Cuando estaba con los abuelos y tenía la autoestima baja, me animaba.

¿Y esas fotos que te encontraron los Mossos de dos mujeres que tenías retratada en el ordenador?
No lo entiendo. No sé quiénes son. Ni por qué las tenía. Podían ser un recuerdo. Pero si tenía fotos significa que debía haber llevado la cámara al geriátrico. Y no recuerdo haberlo hecho. No lo entiendo. Es que me falla mucho la memoria.

¿Pedirías perdón?
Es que yo pienso que no soy culpable y por tanto no tengo que pedir perdón por nada. Yo podría pedir perdón por ejemplo si te hiciera enrabietar a ti, pero si yo no creo que haya hecho nada mal hecho, no puedo pedir perdón, como hizo Pere Puig por ejemplo. Yo te digo una cosa: si me deben poner 25 años como en Pere Puig, yo me voy con
Montserrat, Sabina y la Paquita; yo no puedo asimilar
permanecer 25 años en prisión.

¿Cómo pasas el tiempo aquí? ¿Lees? ¿Has podido encontrar bibliografía sobre la tanatopraxia que te interesaba?
No, no, es que esto se ha manipulado mucho. Lo que ocurre es que había una compañera que iba a hacer sesiones para abrir achaques y cosas de éstas en una masía de Santa Pau y me lo comentó y yo dije que ya miraría a internet de qué iba y entonces envié un correo y los Mossos lo encontraron y ya se tergiversó todo, pero no es que yo tuviera interés en ello.

Pues, ¿qué lees?
Lo que me va muy bien es que mi madre me trae todas
las revistas del corazón que encuentra aunque sean viejas. Y ahora leo una novela; no recuerdo ni el título ni el autor. Es un autor catalán y es algo de un invierno o un viaje a Madeira. Es que no me acuerdo.
No sé lo que me pasa, pero no puedo concentrarme. Mira que estoy tratando de hacer las pruebas para mayores de 25 años y no hay modo. Leo y no asimilo lo que leo. Lo copio todo, hago esquemas, y no tengo cojones de entender lo que leo.

¿Se lo has hecho saber a los servicios de psicología?
Me parece que me haría falta un buen psiquiatra y un buen psicólogo para que me digan lo que me pasa. Ahora mismo me tomo doce pastillas. Me parece que nada es real y vuelvo a tener mucho temblor y mira [me enseña la palma], me sudan las manos.

¿Te han hecho muchos tests?
Uy, muchos y muchos...

Será muy fácil engañar a los psicólogos...

Yo siempre les he dicho la verdad. Piensa que te cobran 55 euros por sesión... Por ejemplo, desde el primer momento les conté que era homosexual. Lo que ocurre es que con según quien tienes feeling y con según quien, no. Por ejemplo, con Joan Sala siempre hubo feeling. Con Pujiula, ya no. Y en Brians con una psicóloga del centro tampoco había feeling y con Álvaro Muro, tampoco.

Si tienes estas pérdidas de memoria que dices, no podría ser que hubieras provocado la muerte de algún otro anciano y no lo recuerdes?
Yo siempre he dicho la verdad tanto a los Mossos como al juez. Incluso los Mossos me decían: “Uno otro? ¿Este también?” Y yo les decía: "Sí, sí." [Se refiere al recuento de muertes.]

¿Habías visto alguna muerte antes de Rosa Baburés, que es la primera mujer que confesó haber muerto el 29 de agosto del 2009?
Vi por primera vez cuando estaba en el geriátrico El Mirador de Banyoles. Pero antes de trabajar en residencias nunca había visto ninguna.

¿El caso de Rosa Baburés lo recuerdas bien? ¿Cómo fue? ¿Por qué recordar siempre la primera vez que se ponga a la vida de alguien?
La memoria me falla a veces. Sé que era cosa de horas. La familia decía que quería ir a Peralada y la enfermera dijo que fueran. Ella se ahogaba mucho y fui a buscar unas pastillas y se las di.
Esto se lo das a una persona normal y duerme 24 horas pero después ya se despierta.

¿Pero ya eras consciente de que ella se muriera o no?
No sé... Si entonces hubiera pensado en lo que pasaría...

Y los medicamentos, ¿se podían coger de cualquier forma?
Sí, sí. Mira, había una mujer de más de 90 años llamada Gumersinda que siempre iba a robar ella misma el paracetamol y Lluís Salleras se iba a buscar a los inhaladores él mismo también.

Cuando decías a los compañeros que siempre se te morían los ancianos a tu turno, ¿en realidad no estabas dando un golpe de atención para que vieran lo que pasaba y te detuvieran?
Sí lo decía. Pero yo en ese momento tampoco era consciente de que era yo el que estaba provocando todo aquello. Y cuando empezó una chica nueva incluso le dije que debía ir acostumbrándose a ver muertos.

Entraste en La Caritat gracias a Joan Sala, el director, que también era tu psicólogo; ¿tienes la sensación de haberlo traicionado?
No, no me parece. Él me vino a buscar porque necesitaba a una persona. Pero quizás si no me hubieran hecho trabajar tantas horas seguidas (que estaba muy presionado), si no hubiera bebido tanto café, ni tanto calimocho...

Durante el juicio a Pere Puig, que mató a cuatro personas en Olot y también está preso aquí en Figueres, el fiscal ha remarcado más de una vez que PerePuig era mala persona. ¿A ti te parece mala persona?
Por lo que le he conocido aquí y por las veces que hemos comido juntos no me parece mala persona.

Y tú, ¿te consideras buena persona?
Yo creo que soy buena persona. La prueba es que aquí, aunque al principio me rechazaban por lo que había ahora, a medida que la gente me va conociendo, he hecho amigos. Comparto celda con Jaume Sastre (condenado por la agresión a la que era alcaldesa de Roses) y un chico gallego, Francisco Javier Pandiño, y ambos me ayudan mucho y me apoyan mucho. Yo si veo una pelea ya me voy. Los funcionarios me dan muy buenos créditos y he alcanzado el nivel A, lo mejor, por buen comportamiento y se puede decir que soy como un preso de confianza.

¿Quizás has encontrado novio y todo entonces?
Uy, déjate estar de novios, no estoy paso para novios. Y eso que he tenido oportunidades, pero no me interesa. Todo el día rodeado de hombres y con conversaciones de hombres, prefiero mantenerme al margen. Vivo de forma totalmente asexual.

¿Eres consciente de que tu caso genera mucho interés? ¿No te ha llegado ninguna oferta para escribir tus memorias o hacer un libro, o hacer una película?
Cuando estaba en Brians me llegaron cartas en las que me hacían ofertas de este tipo, pero yo dije que ya las podían tirar. No me interesa.

Pero quizá te hubieran pagado bien.
Céntimos, no quiero. Sólo quiero intentar salir y hacer vida normal. A veces, cuando me levanto, pienso: "Ahora irás a Olot..." Es que vivo una situación de irrealidad. No puedo creer que esté preso. Mientras hablamos no me da la sensación de que somos un preso y una periodista; creo que somos dos personas conocidas que hablamos normalmente. No sé devenirlo.

¿Pero ves posible volver a la vida normal?
Mira, yo querría poder estar en casa, sin moverme. Un arresto domiciliario. Yo no se iría, en modo alguno. Les costaría menos dinero, porque aquí cerrado les cuesto dinero. Dicen que la cárcel es para rehabilitar, pero a mí me estropea. Pero ¿qué provecho se saca de apartar a la gente de la sociedad? A mí me baja la autoestima. Yo echo de menos a mis padres. Les llamo cada día menos el día de la semana que ellos vienen de visita. Y les noto muy cambiados, demacrados... Yo pensaba que cuidaría a mis padres y que evitaría que tuvieran que ir nunca a ninguna residencia. Yo estuve tiempo y pensaba que ellos nunca irían. Recuerdo muy bien el día que me llamaron los Mossos y le dije a mamá: "Voy a hablar con los Mossos, no tardaré". Yo de ninguna manera pensaba que me detendrían y que no volvería a casa.

¿A qué dedicas el tiempo aquí?
Por las mañanas estoy en la lavandería ympor la tarde, en la biblioteca.

¿Y no podrías asumir el trabajo de peluquería, que era tu primera gran vocación?
Podría haber hecho una instancia y pedirlo, pero aquí sólo se puede pasar la navaja y a mí me gusta peinar. Quizás si estuviera en Girona o en Brians, que hay mujeres, me hubiera interesado. A veces pienso: "Nunca que hubiera dejado la peluquería". Pero es
que entonces era como un tastaolletes, yo. Iba probándolo
todo, la fábrica, la hostelería, la reflexoterapia... y
no aguantaba mucho en ninguna parte. Con los abuelos aguanté más porque me sentía querido por los abuelos. Como no me amaba a mí mismo me iba bien que los abuelos me quisieran. La gente no entendía que quisiera trabajar lavando culos, porque la gente le dice así, al trabajo en el geriátrico. Pero a mí me gustaba.

¿Ha contactado contigo alguien de La Caritat, o la gente del pueblo?
La gente del pueblo me envía siempre muchos recuerdos y me ha apoyado mucho. Cuando me detuvieron, Moisés [el alcalde] fue a casa y dijo a mis padres que había un abogado muy bueno, y el médico, Francisco, enseguida también fue a ocuparse de mis padres. Les doy las gracias y les envío muchos recuerdos a todos. De La Caritat nadie se ha puesto en contacto conmigo.

Si te consuela, sé que en La Caritat hay al menos un interno que dice que allí te echan de menos mucho y que no entienden por qué te han...
¡Uy, menos mal! [Recuerda a la perfección a qué interno me refiero.]

El jueves 26 te leerán las imputaciones y el caso pronto irá a juicio y te interrogarán...
Al fiscal, al juez y a quien me pregunte les diré lo mismo que te he dicho a ti.
La verdad.




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