El caso sobre la muerte y tortura de Sylvia Likens es calificado como como el caso de asesinato más impactante de la época. Durante el juicio, el fiscal adjunto describió el caso como «el más diabólico que jamás se haya presentado ante un tribunal o un jurado” y es ampliamente considerado por los ciudadanos de Indiana como el peor crimen jamás cometido en su estado.

Tanto la vida de Sylvia como la de su hermana de un año menor que ella, Jenny, se caracterizaba por una inestabilidad constante. En el momento en el que sus vidas se cruzaron con la de la señora Baniszewski en julio de 1965, su madre se encontraba detenida por hurto, y su padre, Lester, tenía previsto irse de gira por las ferias del condado de Indiana.
Gertrude Baniszewski vivía en el 3850 de la calle East New York junto a sus siete hijos: Paula, la mayor, tenía 17 años, seguida por Stephanie de 15, John de 12, Marie de 11, Shirley de 10, James de 8 y el más joven, Dennis Lee Wright Jr., de un año.

Ante la tesitura en la que se encontraban las hermanas Likens, la mujer vio la oportunidad de ganar algo de dinero cuidando a las adolescentes y llegó a un acuerdo con su padre; cobraría 20 dólares a la semana por cuidar a sus hijas unos meses durante su ausencia.
La primera semana, las hermanas estaban fenomenal en compañía de los hermanos Baniszewski, sin embargo, Gertrude y Paula, no tardaron en mostrar ciertos celos hacia Sylvia.
En un principio, los abusos físicos se ejercían hacia las hermanas con una paleta de madera. Después se centraron sólo en Sylvia cuando era acusada de robo, de comer mucho, de descuidar su higiene o de su inexistente promiscuidad.
Las agresiones escalaron hacia la joven por parte de Gertrude, sus hijos y otros jóvenes del barrio, debido a que la mujer sembraba la discordia para que colaborasen en las terribles agresiones.

Estos malos tratos se alargaron hasta el mes de octubre. En este momento, la joven estaba muy débil y con graves heridas y era obligada a dormir en el sótano debido a que no controlaba sus esfínteres por los continuos golpes en sus genitales y las lesiones que ya padecía en los riñones.
Era golpeada, quemada con cigarrillos, privada de alimento y de agua y sometida a vejaciones constantes. Incluso, en una ocasión, grabaron una inscripción en su estómago con una aguja, para después, marcarla con un 3 con un objeto al rojo vivo en un intento por intentar grabar una S.

Los últimos días, la joven los pasó en un estado de shock prolongado, por lo que ni siquiera podía ofrecer resistencia.
Finalmente, murió el día 26 de octubre de un hematoma subdural provocado por un golpe en la cabeza teniendo como factores subyacentes el shock, la desnutrición y las excesivas lesiones.


