A lo largo de la historia, hemos sido testigos de atrocidades que revelan las profundidades de la crueldad del ser humano. Entre los métodos de tortura más atroces y despiadados se encuentra el escafismo, un perturbador ejemplo de hasta dónde puede llegar la imaginación humana en la creación de horrores destinados a infligir un sufrimiento inconcebible.
El escafismo, o tortura «de artesa» (debido a que era normalmente con este artefacto con el que se llevaba a cabo), era un método de tortura y ejecución supuestamente originado en la antigua Persia durante la dinastía Aqueménida, la cual gobernó el territorio del año 550 al 331 a.C.
La primera mención que se hace de este brutal método la relata Plutarco en la biografía de Artajerjes II de la siguiente manera:
Mandó el rey Artajerjes II, pues, que a Mitridates se le quitara la vida, haciéndolo morir enartesado, lo que es en esta forma: tómanse dos artesas de madera que ajusten exactamente la una a la otra, y tendiendo en una de ellas supino al que ha de ser penado, traen la otra y la adaptan de modo que queden fuera la cabeza, las manos y los pies, dejando cubierto todo lo demás del cuerpo, y en esta disposición le dan de comer, si no quiere, le precisan punzándole en los ojos; después de comer le dan a beber miel y leche mezcladas, echándoselas en la boca y derramándolas por la cara: vuélvenlo después continuamente al sol, de modo que le dé en los ojos, y toda la cara se le cubre de una infinidad de moscas.
Como dentro no puede menos de hacer las necesidades de los que comen y beben, de la suciedad y podredumbre de las secreciones se engendran bichos y gusanos que carcomen el cuerpo, tirando a meterse dentro. Porque cuando se ve que el hombre está ya muerto, se quita la artesa de arriba y se halla la carne carcomida, y en las entrañas enjambres de aquellos insectos pegados y cebados en ellas. Consumido de esta manera Mitridates, apenas falleció el decimoséptimo día.
Como se puede comprobar en este fragmento, el escafismo no tenía sólo como objetivo quitar la vida del ejecutado, sino infligir el máximo sufrimiento posible a través de un proceso prolongado y tortuoso que transformaba la vida de la víctima en un infierno en la tierra.
Se colocaba al reo en una artesa de madera o en una barca pequeña y se sacaban sus extremidades y cabeza por unos agujeros. Una vez estaba inmovilizado, debido a que el artefacto era cerrado a modo de cajón, se procedía a untar su cuerpo con leche y miel. Además, se le daban cantidades ingentes de estos alimentos y, preferiblemente, en mal estado para provocarle diarreas.
La mezcla viscosa de la leche y la miel, junto con las heces y la suciedad, atraía a toda clase de insectos, que comenzaban a posarse y alimentarse de la piel empapada de la víctima, introduciéndose también dentro del cajón.
Con el paso del tiempo, la exposición al sol (para agravar el sufrimiento era preferible que estuvieran al sol) y la acumulación de excrementos de insectos y otros desechos orgánicos comenzaban a deteriorar la salud del individuo. Las picaduras y mordeduras de los bichos provocaban heridas abiertas, que a su vez se infectaban debido a las condiciones insalubres del entorno y la exposición a los elementos.
La víctima experimentaba un sufrimiento espantoso mientras era consumido tanto interna como externamente; los insectos anidaban en sus orificios, devorándolo desde adentro hacia afuera.
Por si no fuera poco, se les obligaba a beber agua y a comer con la intención de que sobrevivieran el máximo tiempo posible (solía ser de 10 a 15 días) y alargar así la terrible agonía.
Pero, ¿puede haber algo más terrible? La respuesta es sí. Si había una variante todavía más espantosa del escafismo tradicional en una barca o artesa, era el introducir al individuo dentro del cuerpo abierto de un animal grande, como un caballo o una vaca, coserlo y esperar que se produjera una doble putrefacción.
Aunque, si bien no es de extrañar que exista una tortura así debido a las creaciones llevadas a cabo en nombre del sufrimiento humano, del escafismo en concreto no hay pruebas del todo fiables de que existiera.
Por un lado, la mayoría de los escritos que lo describen son griegos, los cuales tenían un conflicto bélico importante con los persas y los veían poco menos que como a salvajes, muy por debajo de la civilizada cultura griega.
Por otra parte, Plutarco obtuvo la información relatada en la biografía de Artajerjes II de unos supuestos textos de los que no hay constancia alguna.
Sea como fuere, no se puede ignorar que el escafismo pudiese existir realmente, y por mucho que el método haya podido exagerarse a lo largo de la historia, hay numerosos testimonios que lo relatan. De hecho, se dice que la mismísima Elizabeth Báthory presenció esta tortura cuando era una niña.
- El escafismo, la despiadada tortura persa. (s. f.). Recuperado 1 de septiembre de 2023, de https://descubrirlahistoria.es/2014/05/el-escafismo-la-despiadada-tortura-persa/
- Prado, F. (2023, mayo 24). El escafismo o la forma de ejecución más salvaje. El Debate. https://www.eldebate.com/historia/20230524/forma-ejecucion-mas-salvaje_115556.html
- Escafismo: Conoce la tortura más terrible e inhumana de la historia. (2021, diciembre 9). culturizando.com | Alimenta tu Mente. https://culturizando.com/escafismo-conoce-la-tortura-mas-terrible-e-inhumana-de-la-historia/

