El experimento del muñeco Bobo


Albert Bandura, considerado el padre de la Teoría del Aprendizaje Social, llevó a cabo en 1961, junto a sus colaboradoras Dorothea y Sheila Ross, un experimento pionero en la Universidad de Stanford que marcaría un antes y un después en la comprensión del comportamiento humano. El estudio, conocido como el experimento del muñeco Bobo, tenía como objetivo comprobar hasta qué punto los niños adquieren conductas sociales —en especial, las agresivas—  mediante la observación e imitación.

La muestra estuvo compuesta por 72 niños y niñas de entre 3 y 6 años, todos ellos procedentes de la guardería de la universidad. Se dividieron en tres grupos de 24 participantes.

El primer grupo fue expuesto a un adulto que, tras unos momentos de juego tranquilo, comenzaba a comportarse de forma agresiva con un muñeco inflable llamado Bobo. El modelo lo golpeaba con un martillo, lo arrojaba por el aire y le dirigía frases violentas. El segundo grupo observó a un adulto que jugaba pacíficamente con otros objetos, sin prestar atención al muñeco. Por su parte, el grupo de control no tuvo contacto con ningún modelo, y simplemente se les permitió jugar libremente.

Los resultados revelaron que los niños expuestos al modelo agresivo manifestaban un número considerablemente mayor de conductas violentas hacia el muñeco, replicando tanto las acciones como las expresiones verbales observadas. Incluso incorporaban nuevas formas de agresión no mostradas en el ejemplo. Además, se detectó que los varones tendían más a imitar la agresión física que las niñas, aunque en el plano verbal las diferencias fueron mínimas. Otro hallazgo interesante fue que los menores se sentían más inclinados a reproducir la conducta cuando el modelo pertenecía a su mismo sexo.

Este estudio no solo confirmó los postulados de Bandura, que sostenían que gran parte del aprendizaje humano ocurre al observar a otros, sino que también resaltó el papel de la identificación con el modelo. Cuanto mayor es la similitud entre observador y modelo, más probable es que el comportamiento sea imitado.

En 1963, Bandura realizó una variación del experimento para evaluar el efecto del medio a través del cual se presentaba la conducta. Comparó tres formatos: modelo en vivo, grabación en vídeo y personaje animado. En los tres casos, los niños imitaron la agresividad, lo que subrayó el poder de los medios audiovisuales como agentes de socialización.

Años más tarde, en 1995, otro estudio basado en este diseño introdujo una nueva variable: las consecuencias. Cuando los niños veían que el adulto agresor era recompensado, reproducían la conducta con mayor frecuencia. En cambio, si observaban que era castigado, tendían a inhibir ese comportamiento. Esto demostró la influencia del refuerzo observado en el aprendizaje por imitación.

Las implicaciones del experimento han trascendido el ámbito psicológico. En educación, ha reforzado la importancia de ofrecer modelos prosociales. En los medios, ha avivado el debate sobre el impacto de la violencia en televisión, cine y videojuegos. En criminología, ha ofrecido herramientas para comprender cómo ciertas conductas delictivas pueden aprenderse por exposición constante a entornos violentos o figuras antisociales.

Como toda teoría influyente, la de Bandura ha sido objeto de críticas. Una de las más frecuentes alude a la escasa diversidad de la muestra, compuesta mayoritariamente por niños caucásicos de clase media-alta, lo que limita la generalización de los resultados. También se ha señalado que, al no tener completamente desarrollado el lóbulo frontal —implicado en el juicio moral—, los niños podrían no haber comprendido del todo el valor de sus actos. Además, algunos cuestionan la validez ecológica del experimento, al haberse realizado en un entorno controlado que no refleja necesariamente situaciones cotidianas.

Pese a estas objeciones, el experimento del muñeco Bobo sigue siendo un referente clave en la historia de la psicología. Ha demostrado que la observación de modelos desempeña un papel decisivo en la adquisición de conductas, tanto positivas como negativas.


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