La cantárida (Lytta vesicatoria) es un insecto coleóptero que, aunque conocido como mosca española, es un escarabajo de la familia Meloidae. Este insecto, de pequeño tamaño (entre 1,25 y 2 cm de largo) y color verde esmeralda metalizado, ha sido objeto de interés debido a sus propiedades medicinales y su toxicidad.
Su uso en medicina se remonta a la antigüedad; ha sido empleada principalmente por su poder vesicante, es decir, su capacidad para producir ampollas en la piel. Esta propiedad se ha aprovechado en el tratamiento de ulceraciones y otros problemas cutáneos mediante emplastos elaborados con el polvo obtenido tras la desecación y trituración del insecto.
Además de su aplicación en dermatología, también se ha empleado en el tratamiento de la alopecia. Asimismo, se ha prescrito su ingesta oral como diurético, bajo la creencia de que estimulaba la función renal y aumentaba la producción de orina.

Uno de los aspectos más controvertidos de su uso es su supuesto efecto afrodisíaco. A lo largo de la historia, se ha atribuido a este insecto la capacidad de estimular el deseo sexual, debido a que su consumo oral provoca irritación en el aparato urinario y la erección del pene. Sin embargo, aunque esta propiedad afrodisíaca carece de respaldo científico, si fuera cierta, solo ocurriría a dosis extremadamente bajas. Esto se debe a que 1 o 2 gramos de cantárida pueden actuar como un potente veneno, causando corrosión en la vejiga y los riñones, inflamación del hígado y, en muchos casos, la muerte a los pocos días. De hecho, se dice que Fernando II de Aragón murió debido al abuso de este «afrodisíaco» en su intento por procrear un heredero varón con su esposa, Germana de Foix.
Cuando se sospechaba que una muerte podía estar relacionada con los efectos de la cantárida, se recurría a su poder vesicante para comprobarlo. Una de las pruebas consistía en frotar una mezcla de partes de las vísceras del fallecido, disueltas en aceite, sobre la piel afeitada de un conejo. Si este tóxico estaba presente en la mezcla, era absorbido por la piel del animal, y su potente efecto vesicante era capaz de provocar la formación de ampollas.
La cantaridina es el principal compuesto activo presente en la cantárida, aislado por primera vez en 1812 por el químico francés Pierre Jean Robiquet. Las cantáridas liberan pequeñas gotas de hemolinfa con este principio activo desde las articulaciones de sus patas o desde sus antenas cuando se sienten amenazadas. Además, los machos de estos insectos también la producen en su fluido oral, el cual almacenan en su tracto alimentario.
El consumo de cantaridina en cantidades significativas tiene la capacidad de provocar graves efectos secundarios y poner en peligro la vida. Puede tener impactos negativos en el tracto gastrointestinal y en el sistema urinario. Al ser ingerida por vía oral, afecta la mucosa gastrointestinal, lo que puede causar síntomas como epigastralgia, náuseas, vómitos y diarrea. Además, irrita intensamente el urotelio (recubrimiento de las vías urinarias, que comprenden la pelvis renal, los uréteres, la vejiga y la uretra), lo que puede generar molestias urinarias significativas, retención urinaria e incluso hematuria (sangrado). La dosis letal de cantaridina por consumo oral se estima en menos de 65 mg.
- Cornago Ramírez, M. del P., & Esteban Santos, S. (2016). Química forense. UNED.
- Lytta vesicatoria. (2023). En Wikipedia, la enciclopedia libre. https://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Lytta_vesicatoria&oldid=152283293


Una respuesta a “Venenos de origen animal: La cantárida”
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